martes, 5 de noviembre de 2013

Estética II: 6/11/2013



Hemos de reconocer que unas artes necesitan más que otras la 
conciencia y el reconocimiento de tal contenido. La música, por 
ejemplo, que sólo tiene que habérselas con el movimiento total- 
mente indeterminado del interior del espíritu, por así decirlo, con 
los tonos de la sensación sin pensamientos, necesita poca o nin- 
guna materia espiritual en la conciencia. Por eso, el talento musi- 
cal acostumbra a revelarse muy pronto en la juventud, cuando la 
cabeza está aún vacía y se dan pocos movimientos del ánimo, pu- 
diendo alcanzar alturas muy importantes antes de que el espíritu 
y la vida hayan llegado a la experiencia de sí mismos. Y observa- 
mos a su vez que, en muchos casos, es compatible una gran maes- 
tría en la composición y ejecución musical con una notable falta 
de espíritu y carácter. 
Conclusión: cualquier zote puede ser un compositor.

En realidad, me cuesta admitirlo porque es un poco tirarme piedras sobre mi propio tejado, pero razón no le falta. La música funciona (o ha funcionado) mediante unas tecnicas escritas, imitables y en ocasiones muy rígidas. En teoría, cualquiera que las conozca con un suficiente grado de maestria puede hacer las mismas virguerías que alguien que tiene cuatro doctorados en otras areas.

El problema es que Hegel está ignorando un punto importante: al decir que no se necesita ningun grado de subjetividad para componer, está pensando únicamente en la música pura e ignorando por completo la descriptiva, en la que la relación entre los recursos musicales y la escena es mucho más dificil de imitar. Como contar una historia a través de música es algo que sólo está al alcance de personas con una formación extramusical o, al menos con un interés muy agudizado.

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