"I hear the water dreaming" es una de las muchas piezas que compone Takemitsu referenciando al agua. Compuesta en 1987, la flauta evoca el sakuhachi, el instrumento folclórico japonés.
viernes, 28 de febrero de 2014
Audiciones
"I hear the water dreaming" es una de las muchas piezas que compone Takemitsu referenciando al agua. Compuesta en 1987, la flauta evoca el sakuhachi, el instrumento folclórico japonés.
martes, 18 de febrero de 2014
Estética II - 19/02/2014
"¡No! ¡¡OTRO ALEMÁN NO!! ¡¡¡¡¡ARRRRRGGGH!!!!!!"
Iñigo del Valle, momentos antes de estampar el teclado de su ordenador contra la pared más cercana
"¿Qué es verdaderamente la cosa en la medida en que es una cosa? Cuando preguntamos de esta manera pretendemos conocer el ser-cosa (la coseidad) de la cosa. Se trata de captar el carácter de cosa de la cosa. A este fin tenemos que conocer el círculo al que pertenecen todos los entes a los que desde hace tiempo damos el nombre de cosa."
Martin Heidegger, filosofo alemán emperifollado
"...y mientras me pinchaba, me enseñó una cosa: que una rosa es una rosa es una rosa"
Mecano, filósofa ochentera
Tras intentar profundizar en el texto, no conseguirlo, beberme cuatro copas de vodka (o botellas, no me acuerdo muy bien) para intentar entrar en sintonía con él, no volverlo a conseguir y volver a estampar lo que quedaba del teclado contra otra pared... he decidido realizar mi comentario sobre una única frase, que me ha parecido lo suficientemente simple para mi cerebro de mosquito como para poder analizarla:
"Previamente habrá que dejar de lado toda concepción y enunciado que pueda interponerse entre la cosa y nosotros. Sólo entonces podremos abandonarnos en manos de la presencia imperturbada de la cosa."
Total: que dejemos de dar por saco con lo de que "esto suena raro" o "esto es feo". Que abandonemos toda idea preconcebida que tengamos del arte y lo contemplemos desde su forma más pura. En teoría es como la gente que "entiende" de arte moderno es capaz de ver la obra desde una visión artística, intentando vislumbrar lo que hay más allá de lo estético.
Sin embargo, para muestra de que esto es una falacia, video al canto:
Resumido: un programa pide a unos niños de 2 y 3 años que pinten un cuadro, y acto seguido lo cuelgan en Arco, la exposición de arte contemporáneo más famosa de España. El resultado es poco menos que hilarante (mención especial al buen hombre que dice ver una fuerte represión sexual representada en el lienzo). Esto me lleva a la pregunta: si no podemos juzgar una obra de arte ni por su estética ni por lo metafórico, ¿por qué podemos juzgarla? Lo más probable es que la respuesta sea que no podemos juzgar... pero entonces, si no hay un feedback, si el arte no genera una respuesta fiel... ¿para qué exponerlo? Está claro que su creación tiene un motivo, que es casi tan vital como el respirar, pero... ¿es adecuado que el arte de uno, la visión de un mundo individual, sea juzgado por otros? ¿Se puede hacer, siquiera? ¿Qué es el arte?
Yo respondo: el arte es... tener mucho frío.
martes, 11 de febrero de 2014
Estética - 12/02/2014
Hace no mucho tiempo, un amigo me invitó a su casa a ver una película. "Mulholland Drive", de David Lynch, uno de los máximos exponentes del dadaísmo y del surrealismo actual en el cine. Fui advertido: "presta atención a todos los detalles de la película" y "no te asustes que es un poco rara pero está realmente bien" fueron algunos de los consejos que recibí previos a la visualización de la cinta. Sin embargo, nada me podría haber preparado lo suficiente para el despliegue de escenas bizarras que estaba a punto de ver. Después de casi dos horas, me preguntó "¿te ha gustado?". Yo no supe que responder. Sí, la película me parecía bien hecha: las escenas de suspense me pillaron más de una vez con las manos arañando el sofá de pura ansiedad. Pero el meollo de la película se me escapaba. Fue entonces cuando me explicó de qué iba realmente la trama, el secreto oculto tras las cámaras. Y fue entonces cuando abrí los ojos y la vi de una manera totalmente distinta, de modo que en sólo dos minutos pasó de ser a mis ojos una película "curiosa" a prácticamente una obra de arte.
El caso contrario: quedé, tampoco hace mucho , con otro amigo para ver "Yellow Submarine", una de mis peliculas favoritas de todos los tiempos. De apenas una hora y media de duración, es un musical animado basado en una canción del mismo nombre de los Beatles, protagonizada por versiones caricaturizadas de ellos mismos. Con esta película pasaba lo contrario que con Mullholand Drive: el argumento era facilmente entendible, pero había algo más que no se podía explicar. Me desviví intentando que mi amigo, el cual se había pasado la hora y media poniendo caras, comprendiese lo absolutamente genial que era el humor absurdo británico o la cantidad abrumadora de guiños y referencias a hechos y canciones de la época. No sirvió de nada.
Con estos dos hechos, llegué a una conclusión: estamos acostumbrados a que nos lo den todo hecho. En lugar de intentar comprender el producto, nos indignamos con él. Somos la generación del aquí y ahora... solo que esa generación lleva alargándose desde hace siglos. Sin embargo, ¿justifica eso que, si una obra no es entendible, sea buena de forma automática para algunos pocos? Probablemente... solo que de otra manera. El arte pasa de ser un canalizador de sentimientos, una manera de agradar, a un guiño descomunal a los únicos que pueden captarlo. Es como el tipo que cuenta chistes en las fiestas que sólo él entiende y se niega a explicarlos porque "perderían toda la gracia". Así que para que no se pierda, se la quedan toda para ellos.
¿Son esos tipos proclives a ser acariciados con una silla en un ojo? Muy probablemente. Pero de lo que nos tenemos que dar cuenta es que nosotros podemos ser esos tipos. Para nosotros la solución pasa por callarnos desde un primer momento, pero ¿qué pasa con los artistas? Su doble naturaleza de artista contemporáneo les impulsa a compartir su obra pero, al mismo tiempo, no poder explicarla. Sólo unos pocos lo entenderán, y a estos no les hará falta una explicación. Hagamos, pues, un esfuerzo para intentar comprender. Si lo conseguimos, tendremos todo el derecho para levantarnos y, sonriendo por dentro, marcharnos diciendo "pues vaya mierda".
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