En los ratos libres que tiene Kant creando unos escritos indescifrables para hacer sufrir a las generaciones futuras (en realidad es una mente tan malvada que no puedo hacer menos que mostrarle mi más profundo respeto), el filósofo desarrolla Lo bello y lo sublime, un texto de caracter algo más ameno (en realidad hasta los chistes de Arévalo son más amenos que todos sus anteriores trabajos) en el que realiza una categorización de... de cosas que le molan, hablando llanamente. Y, como tiene que clasificar absolutamente todo para dormir tranquilo por la noche, divide la lista de cosas que le molan en dos subtipos: cosas que le molan moderadamente y cosas que le molan excesivamente. Se las arregla para dotar su texto del academicismo que le caracteriza y llamar a lo primero bello y a lo segundo sublime, porque igual lo de cosas que le molan no quedaba bien en la impresión. Vamos, que no era ni bello ni sublime.
Total, ¿de qué va el libro entonces? Pues, de lo que he llegado a leer, es como un Manual de autoayuda para ser como yo. Entendiendo como yo al filósofo alemán, cumbre del intelecto humano. Ejemplo claro de lo que hablo:
Entre las obras del ingenio y del sentimiento delicado, las poesías épicas de Virgilio y Klopstock, se quedan en lo noble; las de Homero y Milton, caen en lo extravagante. Las metamorfosis de Ovidio, son monstruosas, y los cuentos de hadas de la superstición francesa, son las más lamentables monstruosidades jamás imaginadas.
Porque hay cosas que no molan, y esto Kant lo sabe mejor que nadie, es completamente necesario escribirlas en un libro para que la gente no pierda el tiempo prestandolas atención. ¿Que por qué? Pues porque Kant lo dice, maldita sea.
Pero no se queda ahí. Porque la sabiduría de Kant es demasiada para quedarsela para él solo, y al fin y al cabo es un hombre generoso. ¿Qué temas trata en su libro? Acabaríamos antes hablando de los temas que no trata. Para muestra, un botón: Kant, consejero matrimonial.
Un hombre no puede nunca decir a su mujer que ha puesto en peligro una parte de su fortuna por un amigo. ¿Para qué encadenar su alegre locuacidad recargando su espíritu con un secreto cuya guarda a él solo incumbe?
Reconozco que pongo este extracto porque me ha hecho particular gracia. ¡No vayas a decirle a tu mujer que le has dejado dinero a un colega, no vaya a ser que se cabree!
En conclusión (porque podría extenderme hasta la extenuación sacando ejemplos y comentándolos poco seriamente), Kant se sale un poco del molde ofreciéndonos su particular conocimiento en la envidiable materia de la todología, para que llevemos nuestras vidas del modo más sublime posible. Kant es como tu conciencia, el que te dice siempre qué hacer sin un ápice de duda con un tajante sí o no. Kant sabe todas las respuestas a todas las preguntas jamás formuladas. Kant es, en definitiva, Sandro Rey.